Hoy las librerías estamos jugando un partido difícil. A la crisis, el desempleo y los altos costos de publicación, se suma que el gobierno quiere derogar la Ley de Defensa de la actividad Librera, la que protege a librerías como la nuestra. Desde La Libre nos propusimos desarmar las promesas engañosas y explicar con claridad por qué la desregulación de la Ley 25.542 destruirá nuestra industria y encarecerá los libros.
Acá te dejamos algunos mitos que se andan diciendo y sus verdades:
1. ¿Competencia o concentración?
Se suele argumentar que desregular fomenta la competencia. En la industria cultural, ocurre exactamente lo inverso. La Ley 25.542 no elimina la competencia, la dirige hacia la atención, la especialización, la recomendación de tu librero amigo y a la cercanía con la comunidad.
Sin un precio fijo, la competencia se reduciría a una guerra de capital financiero donde solo podrá sobrevivir quien pueda soportar pérdidas temporales. Esto es un camino directo hacia la concentración y el monopolio. Si la ley cae, el mercado quedará en manos de tres o cuatro plataformas digitales y grandes supermercados que decidirán qué leemos, cuándo lo leemos y a qué precio.
2. «El precio de los libros va a bajar»
El argumento central de quienes atacan la ley es que, al liberar los precios, los libros serán más baratos para el lector. La evidencia histórica y comercial demuestra exactamente lo contrario: a mediano plazo, los precios subirán.
En un mercado desregulado, las grandes superficies (como las cadenas de supermercados) exigen a las editoriales descuentos mayoristas brutales para poder ofrecer al público «promociones» agresivas. Para que las editoriales puedan otorgar esos descuentos sin ir a la quiebra frente a los altos costos industriales, se ven forzadas a inflar artificialmente el precio de lista original.
Los lectores no estaremos comprando «con descuento», si no pagando un precio base que fue engrosado previamente.
3. «Comprar en plataformas es más barato por los Hot Sale, Black Friday, Envíos gratis, etc.»
Las plataformas monopólicas como Mercado Libre imponen comisiones exorbitantes por venta, tarifas abusivas por posicionamiento y nos obligan a las librerías a absorber los altísimos costos de logística del «envío gratis». Además, sus algoritmos presionan para participar en liquidaciones forzadas. Para poder vender en estas plataformas sin perder dinero, el precio base del libro debe subir irremediablemente.
Los lectores estaremos financiando la rentabilidad y la logística de un monopolio digital en lugar de aportar al trabajo de escritores, editores, distribuidores, promotores de lectura, etc.

4. «Da lo mismo dónde comprás un libro». El caso de Reino Unido
No hace falta imaginar qué pasaría si se deroga la ley; basta con mirar la historia. En el Reino Unido existía el Net Book Agreement (un acuerdo de precio fijo similar a nuestra ley). En 1995, el acuerdo fue abolido bajo la misma promesa: «los libros serán más baratos» y el resultado fue catastrófico. Los supermercados comenzaron a vender los bestsellers por debajo de su costo de producción (práctica de dumping) usándolos como gancho para que la gente entrara a comprar otros productos.
Un tercio de las librerías de barrio, al no poder competir, tuvieron que cerrar sus puertas. En seguida, los supermercados empezaron a dictar qué se publicaba. Las editoriales dejaron de apostar por nuevos autores o literatura compleja, reduciendo drásticamente la bibliodiversidad, para enfocarse solo en autores consagrados. Finalmente, el precio de los libros subió por los altos costos y las editoriales PyMES tuvieron que reducir sus tiradas. El libro se convirtió en un objeto de lujo para pocos lectores.
5. «El libro es un producto como cualquier otro y el mundo va hacia modelos de libre mercado»
Derogar esta ley es ir a contramano de las potencias culturales. Países como Francia, Alemania, España, Japón y Corea del Sur defienden a rajatabla el precio fijo. Entienden, como nosotros, que un libro no es equivalente a un paquete de fideos o una crema.
Desde que en Argentina tenemos la Ley 25.542, la producción editorial creció notablemente. Proliferaron las ferias, las editoriales, los fanzines, las lecturas, las librerías, y ser parte de esta industria se convirtió en un sueño alcanzable para muchos de nosotros. La producción de libros aumentó de 12.000 novedades en 2001 a 34.000 en 2023. Esa cifra representa una diversidad de voces que necesitamos que siga existiendo. Tener la posibilidad de entrar a una librería y encontrar a un autor nuevo que te conmueva no tiene precio.
6. «Las librerías de barrio son las únicas afectadas»
La Ley 25.542 nos protege a todos: librerías, editoriales, autores y a vos como lector.
De hecho, cuenta con el apoyo de toda la cadena de valor del libro. Desde las librerías independientes y editoriales pymes, hasta los grupos editoriales más grandes como Penguin Random House y Grupo Planeta, e incluso las principales cadenas comerciales del país. Hasta el propio CEO de la cadena Yenny – El Ateneo defiende públicamente esta normativa, porque todos los actores formales de la industria entendemos que el precio uniforme no es un privilegio, sino la herramienta que garantiza reglas claras, estabilidad y supervivencia para todo el ecosistema.
7. «Los lectores no podemos hacer nada para frenar esto»
Leer es nuestro derecho. Defender la Ley 25.542 es rechazar la concentración monopólica, proteger nuestra bibliodiversidad y garantizar el futuro de nuestra cultura. Por eso, te invitamos a difundir información clave, charlarlo y debatirlo en tus espacios de amistad, casa o trabajo.
Como ciudadanos, podemos exigir a los senadores que se informen antes de derogar esta Ley, que sepan que están yendo contra la cultura del libro que nos da trabajo e identidad a todo el pueblo que habita territorio argentino -y más-. Acá un listado de todos ellos y sus contactos.
Como lectores, sigamos apoyando a las librerías y editoriales independientes. Acercate a charlar con tu librero de confianza. Conocé las propuestas de las editoriales locales. Regalá libros. Promové la lectura. Un libro no puede ser un objeto de lujo, tiene que ser accesible a todos. Porque en un contexto de crisis la lectura nos salva de la desolación, cultiva los encuentros y permite imaginar otros mundos.

¡Cuidemos las librerias de barrio! ¡Ayudanos a defender la lectura y la cultura!


