10 años de Escrituras Rumiantes, por Lucrecia Masson Córdoba

La propuesta rumiante: Una nota a los diez años

Rumiar es lento. Se hace con paciencia, de a poquito. Dentro del estómago rumiante la lentitud es anfitriona, así como lo es para esta propuesta de conjunto. Y ojalá sea, del mismo modo, el ritmo que le acompañe a recorrer estas páginas. Cada uno de los textos que forman este libro se ha hecho lentamente. Se han rumiado, han pasado por los cuatro estómagos de la vaca. También en la escritura rumiante la lentitud es anfitriona, y cómo no, haciendo honor, son textos que se escriben calmosos, que se mantienen fermentando, que se asoman despacio.

            Desde hace una década trabajo en/con una insistencia: una propuesta rumiante. La pieza que abre esta compilación, epistemología rumiante, cumple diez años de, con las manos, volverse fanzine. Y así empezó a circular.

            Es una alegría para mí poder celebrar estos diez años con esta edición bella, amorosamente propuesta y cuidada por La Libre Editora. Una edición que compila parte de lo que son mis textos rumiantes y poder además, a través de esta nota, rendir homenaje un camino hecho, entre muches, yendo y viniendo como las rumias proponen, como el rumiar provoca. El camino hecho y el que sigue, porque hacer/pensar desde un modo de conocer rumiante es algo que está abierto, sigue rodando y sigo trabajando en ello. Con la epistemología rumiante se inauguró para mí un modo de hacer, un método, una insistencia, una porfía. Un modo lento de observar, una excusa de acercamiento y demora, una herramienta para conocer —cruzar— mundos.

            Al escribirse epistemología rumiante hacía calor. Cuidé, ese verano, dos casas de amigues que me hospedaban a cambio de cuidado de gatos. Ese fue el tiempo de la escritura, y suele serlo para mí[1]. Los pedazos se iban haciendo sueltos en la pantalla y así permanecían. Algo de orden seguramente intenté darles antes de cerrarlo pero todo fue cobrando más sentido después, con las lecturas y conversaciones con otres. Como un amalgamarse que fue sucediendo, o que pude ver, ya con el texto escrito y dispuesto en su forma.

            Así fue como a comienzos del año siguiente, 2016, decidimos volverlo fanzine con mi amiga Raquel Rei Branco quien hizo el diseño y maquetación, mientras mi amiga Iki Yos Piña Narváez Funes hacía las ilustraciones que acompañan también esta edición. Lo siguiente fue cortar, doblar, coser. Hacer fanzines. Tiene algo de milagrito hacer, leer, regalar, encontrar fanzines, ¿no? Una circulación que habilita magias varias. Debe ser por encantamiento de cultura fanzinera eso que sucede cuando unas cuantas hojas de papel toman forma de amuleto. Cuando nos llena de orgullo el tráfico. Cuando enseñarle a alguien ese fanzine que llegó a vos se vive como una revelación pequeña. Y sentimos que aquello que tenemos entre manos es algo preciado, que hará algo: un librito mínimo que hace hacer. Así es como, no pocas veces, los fanzines tienen lugar en nuestros altarcitos.

Con el tiempo epistemología rumiante pasó a pequeño libro cartonero en México, a través de Pensaré Cartoneras. Seguidamente, la editorial amiga FEA (por sus siglas Feminismo, Estrías, Autogestión) lo publicó en Chile y el Reino de España. También en Mexico, Ediciones Inestables, con una edición fanzinera dorada. Hubo varias traducciones, se ha republicado en compilaciones o antologías, y seguramente, sospecho con ilusión, hubo otros fanzines de los que no supe.

Todo comenzó con una epistemología titulada en letras minúsculas hecha con algo de desacato a la sacralidad de la palabra epistemología. Incluso, en alguna ocasión que quise hacerme el galán, he alardeado entre epistemólogas diciendo que yo también lo era, pero de fanzine. Un método poético que sí, siendo una epistemología, estaba proponiendo un modo de conocer, con la vaca como compañera de pensamiento; entendiendo pensamiento como no separado de cuerpo y entendiendo a la rumia como un movimiento del pensamiento. Con la fuerza de lo no humano presente, ensayando y viendo cómo hacerle, contra los mandatos de occidente, contra el mundo único.

La epistemología rumiante ha sido rica en relaciones. Durante todos estos años se ha podido pensar colectivamente y ha inspirado trabajos escénicos, artículos, instalaciones, performances, piezas de video. Se abrieron profusas conversaciones en torno a rumiar, a las animalidades, a las vacas, a la carne, a la industria. Amigues enviándome poemas de vacas, anécdotas con vacas, fotos de vacas, máscaras y hasta piñatas en forma de vaca he tenido en mis cumpleaños. Un tráfico creativo que se disparó hacia muchos lugares y propició sin duda comadreos. De allí que la pieza que completa esta edición traiga lo que, con el tiempo fui entendiendo es, finalmente, un método; el comadrear: hacer con otres, y el pastoreo: salir en la búsqueda y encorvar el lomo.

Componen este libro cuatro textos que han sido cuidadosamente compilados, cada uno de ellos diferentes entre sí. En registros distintos seguramente; no fácilmente clasificables seguramente. Pero comparten, de hecho, un modo de acercarse, de mirar, de oler, de intuir. Como ya he dicho, las escrituras rumiantes se van haciendo lentamente y se van juntando unas con otras. Acá se presentan cuatro piezas[2]: epistemología rumiante, Mondongo exercise, Viento y tierra, y De Comadres y pastoreos. Carta intensa a les que nunca escribirán solas.

            Pasados unos añitos y como un encargo a que escribiera yo algo sobre epistemología rumiante, llega Mondongo exercise. Pensé en cómo sería hacer un ejercicio rumiante con la escritura misma: regurgitar el texto. Un ejercicio en que pasar pedazos de epistemología rumiante por los cuatro estómagos de una vaca. Cuatro cavidades, con sus texturas y temperaturas, hospedan y digieren a cuatro tiempos, algunas ideas que la epistemología rumiante sugiere1. Luego estos dos textos se vuelven librito con ilustraciones por la editorial santafesina y artesanal Imperfectas fordistas. Pasado algo más de tiempo toma forma Viento y tierra una escena de adolescencia, una anécdota breve, y honda. Con esos tres textos hicimos, en octubre del ‘22, una compilación en Bogotá, Colombia, de la mano del colectivo Gordas sin chaqueta y de la editorial Pajarera Libertaria, con el comadreo de escritura de la poeta Gabriela Contreras (FEA Editorial). Esto fue Escrituras rumiantes. Cuerpo, exceso, animalidad y anduve muchos kilómetros por tierra con él, conversando, haciendo talleres y presentaciones, provocando encuentros: comadreando. Será mi venus en sagitario, galopante, que no para de buscar andar con otres, encorvar la espalda y pastar ahí donde se sienten buenos olores. Fue un librito que salió a andar.

            El último texto que integra esta compilación De comadres y pastoreos. Carta intensa a les que nunca escribirán solas es una carta anzalduana[3] como herramienta y alegato de escritura y creación colectiva. Publicada primeramente en Montevideo a través de Microutopia Press en un sobre amarillo, como carta literal, con postales y sellos.

Cada uno de estos textos contribuye a un modo de hacer, a un método, mientras lo va generando. Un sentido de esa manera de conocer rumiante, que es un intento por mirar alrededor y no hacia adelante. Donde se invoca la anchura y se atenta contra la línea recta: es ahí donde se procura un gesto que desactiva –por un ratito, lo que se pueda, para no caer en grandilocuencias– el progreso. Y así ensaya fugas a la colonialidad. Una cosmografía que invita a una práctica de atención, que sugiere el gesto de detenerse y tratar con cortesía los modestos detalles. Activar y expandir una sensibilidad a lo que rodea. Fuera del registro antropocéntrico; buscar cohabitabilidad. Hacer relación.

Decía epistemología rumiante que “El rumiante curiosea. Conocer es comer y masticar”. Y eso ha pasado, lentamente, desde hace ya diez años. La rumia de las vacas se vuelve compañera epistémica, se piensa y se hace mundo con la vaca, justamente no con la idea de reconocerse vaca, sino de conocer con. Dentro de este librito hay mundos, hay inmensidades a la vez que hay historias pequeñas y aparentemente insignificantes. Desde una escritura corpórea; ensayar lenguajes que desconozco y que nunca conoceré. Hablar en lenguas. Ir y volver por los estómagos desobedeciendo la linealidad que impone occidente. Se trata todo esto de inventar algún modo –tanteando– de ver lo que estaba y no se veía. La propuesta de una cosmopolítica cercana que se interesa, de manera simple a la vez que profunda, por ver todo aquello que ya estaba.

Quise, con esta nota, contar acerca de esas escrituras que existen y se mueven porque hay muchos cuerpos que las sostienen. Quise, fundamentalmente, agradecer por ello. A una década del comienzo de estas rumias: mi agradecimiento por este ritmo lento, como comadres en pastoreo.

Lucrecia Masson Córdoba

Escrito entre Médanos y Ombucta, entre finales del ’25 y comienzos del ‘26.


[1] Aprovecho la ocasión para agradecer a tantos gatis que me han alojado en sus casas. Lo primero es un contrato entre humanos donde intercambiamos casa por cuidados gatunos y eventualmente regado de plantas. Lo que sucede luego son seres cohabitando en intercambio de compañía y pensamiento. En medio de todo eso suele estar la escritura.

[2] Para adentrarse más en el modo de hacer rumiante existen además, disponibles para leer y descargar, los siguientes textos: “InvocaciónConversación con Laura Aguilar: Borrador para un método ruminate” publicado en la Revista Post(s)  y “Echarse con vacas [Escena de Imaginación para ejercicio de investigación]” publicado en el libro La dimensión material de las nubes.

[3] En De comadres y pastoreos se rinde homenaje a Gloria Anzaldúa, maestra de hacer cartas, por varias cuestiones que ya leerán pero también porque comienzo y cierro como lo hizo ella en su clásica “Hablar en lenguas. Una carta a escritoras tercermundistas”. La referencia bibliográfica completa aparece, junto al resto, al final de este libro.

Lucrecia Masson Córdoba

Texto incluído en el libro Escrituras rumiantes. De comadres y pastoreos (La Libre Editora, 2026)


  1. Como parte de este ejercicio, a la par, generosamente, Iki Yos redibujaba/regurgitaba una de las ilustraciones. Para estas alturas ya compartíamos, como hasta ahora, el Colectivo Ayllu. ↩︎

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