Cuarentenario con Rodrigo Bastidas Perez

Rodrigo Bastidas es escritor, investigador y docente en varias universidades de Colombia, su vida está atravesada por la la ciencia ficción colombiana y latinoamericana, por proyectos de redacción y publicaciones en Ediciones Vestigio, además de hacer parte de estereoscopio un canal en youtube dedicado a la ciencia ficción y la fantasía.

¿Qué estás leyendo y qué tienes en tu lista de lecturas? 

Actualmente estoy leyendo Ciclonopedia de Reza Negarestani, editado por Materia Oscura. Tengo dos libros en la mesita al lado de la cama, uno de teoría: Las promesas de los monstruos que es una compilación de ensayos de Donna Haraway editado por Holobionte en 2019 y una novela: Máquinas como yo, de Ian MacEwan editado por Anagrama a finales de del año pasado, 2019.

¿Estás escribiendo? ¿de manera ordenada? ¿caótica? ¿a través de ejercicios de escritura?

Estoy escribiendo de una manera que pretende ser ordenada, pero que siempre resulta caótica. Actualmente trabajo en dos proyectos, uno -el de la mañana, mucho más ordenado- es una serie de ensayos en donde realizo el análisis de la ciencia ficción colombiana a partir de algunos conceptos de la modernidad. El otro -el de la tarde, mucho más caótico- es una novela que tiene como centro la reconstrucción de la memoria del conflicto colombiano en tiempos de la mecanización del recuerdo. Desde que inició la cuarentena se ha dificultado un poco más la escritura porque el meta-tema de la pandemia se ha tomado todos los espacios disponibles para pensar y producir, la pandemia se ha convertido, en mi caso, en sí misma en una idea-virus que se desliza en medio de las otras ideas que son demasiado débiles para resistir.

En qué proyecto inconcluso o por arrancar estas aprovechando tu tiempo en estos momentos

Tengo dos proyectos que estoy llevando cuando el tiempo sobra. El primero es retomar la lista de películas que he dejado de ver por falta de tiempo; hasta ahora tengo vistas 10 en una lista de más de 25; para hacerlo aprovecho la noche, antes de dormir. La segunda es tomar un curso online sobre diagramación que espero me sirva para mejorar algunos detalles por perfeccionar en los libros de la editorial: Ediciones Vestigio. Por otro lado, creo que también he bajado los ritmos de ciertas cosas que solía hacer usualmente de manera automática: arreglar la casa, cocinar, ducharme; el tiempo parece por momentos haberse ralentizado, como si se hubiera craquelado y empezara a oxidarse.

Qué sientes que hace el feminismo o el transfeminismo en éste momento por vos, por todes, (pensando desde ayuda mutua con el límite de no poder salir de nuestros lugares)

En estos momentos las políticas comunitarias, de ayuda mutua, de creación de lazos y la toma de conciencia del ser común son imprescindibles. Es un momento en que tenemos que reevaluar las formas de ayuda y cooperación a partir de una exigencia a las políticas de gobierno de un beneficio compartido. Rearmar las herramientas virtuales y tecnológicas para que sean usadas como instrumentos para la construcción de comunidades de apoyo. En esto el camino a seguir es imitar las acciones que ya el ciberfeminismo había puesto en práctica desde hace años. Movimientos como EnRedadas en Nicaragua nos han enseñado que las formas de ciberactivismo pueden tener un eco positivo y real en el mundo, logrando formas de compromisos sociales que se ejercen y tienen agencia surgiendo desde espacios de la virtualidad.

Trata de poner en palabras que gestualidades y sensaciones te ha generado y te está generando lo que va de esta cuarentena…

Mis acciones cotidianas hacen que me quede mucho tiempo en casa, no tengo que salir mucho más que a reuniones y a algún conversatorio; por eso la cuarentena no significó un cambio radical en ciertas rutinas. Sí hay algunas acciones que me he sorprendido haciendo en medio de la cuarentena que han cambiado mucho: escucho más el silencio (me quedo quieto mientras trato de entender la nueva forma en que se configura el paisaje sonoro del barrio), hago algo de ejercicio en casa para no sentir el peso de la espalda en el escritorio, salgo a la calle a poner en un comedor improvisado –que armé con botellas plásticas- comida para perros, volví a fumar. Las sensaciones son las de una ansiedad que se mantiene latente en medio de la cotidianidad que me obligo a construir con acciones repetidas día por día.

¿Qué pensas de la relación que tiene el escribir o leer, generalmente encerrade o en soledad, y la cuarentena?

Soy alguien que se mueve en una dualidad extraña cuando de lectura se trata: o necesito un silencio que puede estar aderezado por música instrumental reiterativa, o salgo a leer a la mesa de un bar en medio de los ruidos fuertes de charla, música y bailes (que cuando se suman en un todo, se vuelven una especie de ruido blanco). En ambos casos logro construir alrededor una nulidad sonora que, ahora me doy cuenta, depende del ánimo en el que esté. Desde que empezó la cuarentena he tenido que obligarme a no tener como opción el ruido blanco del bar, y eso ha costado, pero me ha llevado a no huir de los silencios que usualmente me costaba entender y que, claramente, estaban interrogándome como sujeto, como lector y como escritor. Ha llegado un momento en que la evasión ya no es posible.

¿Por qué es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?

Esta oración, de Fredric Jameson, he visto que por lo general está mal interpretada. El artículo original en el cual Jameson hizo esta afirmación cierra con la idea de que el fin del capitalismo es una forma del fin del mundo; que la construcción de Lo Real está establecida en parte por un discurso que, partiendo del capitalismo, crea la idea de realidad que tenemos del mundo. Así el fin del capitalismo conllevará el fin del mundo en tanto que terminará tal como lo conocemos y podremos establecer unos nuevos parámetros de realidad. Creo, con estas dinámicas sociales producidas por la cuarentena, que es posible (e imprescindible) imaginar un fin del capitalismo -es decir un fin del mundo-, en el cual los espacios de lo comunitario, lo social, las construcciones comunes y los apoyos mutuos, nos den el poder de potenciar un futuro diferente. En estas épocas de pandemia estamos en un momento de quiebre en el cual nos es permitido soñar, imaginar, construir, un concepto de futuro diferente que, contrario al construido por las ficciones especulativas del capital, sea un futuro al cual todas y todos tengamos acceso.

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