Cuarentenario con Mariana Brito Olvera

Mariana Brito Olvera es escritora y coordina un taller anual sobre escritoras mexicanas, con un encuentro por mes, a través de La Libre virtual. Ella también se sumó a este cuestionario para comprender los diferentes modos de habitar el encierro.

¿Qué estás leyendo y qué tienes en tu lista de lecturas?

La verdad es que mi forma de leer es bastante desordenada. Hay libros que estoy leyendo y libros que voy leyendo. Los primeros son libros que leo todos los días a un ritmo fluido y que, por lo mismo, los termino más o menos pronto: por ejemplo, ahorita estoy releyendo para el curso de escritoras mexicanas Como agua para chocolate, de Laura Esquivel. Lo empecé hace un par de días y ya estoy por terminarlo. También estoy leyendo Ladrilleros, de Selva Almada.

Luego están los libros que están siempre al lado de la cama y que voy leyendo de a poco, a un ritmo constante pero a cuentagotas. Generalmente así hago con los libros de poesía. Ahorita tengo ahí un libro del poeta brasileño Lêdo Ivo. Y debo confesar que ya desde hace como dos meses tengo también el de Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin. Con ella me pasó que cuando empecé a leerla me voló la cabeza, y fui a un ritmo endiablado transitando sus geniales cuentos, pero después, cuando ya me quedaba como una cuarta parte, sentí que se me iba a terminar muy rápido el gusto y entonces decidí ir a un ritmo más lento. Hay libros que no quieres terminar de leer, no quieres que se acaben. Así me pasó con ella.

¿Estás escribiendo? ¿De manera ordenada? ¿Caótica? ¿A través de ejercicios de escritura?

Todos los días escribo aunque sea un poquito, aunque sea una frase. Pero más porque me nace que porque me lo imponga. Hay veces que comienzo algo y me engancho y sigo hasta terminarlo. Otras solo voy tomando breves notas de cosas que me llaman la atención. Ahora estoy tomando notas de cosas que percibo a través del aislamiento propio y el ajeno. Vivo en un departamento pequeño, así que escucho los sonidos de los departamentos de al lado o debajo mío. Generalmente no le presto mucha atención a lo que sucede fuera de mi casa, sin embargo, no sé si ha sido por una necesidad de contacto con el exterior, ahora percibo los sonidos de mis vecinxs, las músicas que escuchan, los canales de TV que ven o las estaciones de radio que sintonzan. Es curioso, como no tengo balcón ni vista hacia ningún otro lado que no sea una pared, es sobre todo a través del sentido del oído que me relaciono con el “afuera”, ya que no puedo ver nada. Sé que sobrevuela un helicóptero o que pasó un patrullero por su sonido. Sé que ya son las nueve de la noche por los aplausos. Pero mis ojos son ajenos a lo que escucho.

¿En qué proyectos inconclusos o por arrancar estas aprovechando tu tiempo en estos momentos?

Desde hace unos años vengo trabajando un proyecto de ensayos sobre “casas”, pensándolas como espacios de arraigo (o no), sentidos de pertenencia (o no). La casa a veces como un resguardo o el refugio; otras como el abandono o la carencia, cuando no tienes acceso a una o no es un espacio que te haga sentir cómodx o segurx. Estoy escribiendo algunos ensayos más personales y otros sobre casas de escritorxs latinoamericanxs. Éste es un proyecto que nunca abandono y que voy pensando y repensando constantemente. Con todo esto de la cuarentena da mucho para reflexionar acerca del tema: el encierro por una parte, la deriva por otra, en el caso de las personas que no pueden resguardarse porque no tienen un lugar para hacerlo.

¿Qué sientes que hace el feminismo o el transfeminismo en éste momento por vos, por todes?

Siento que cuando todo se pone negro, ahí está el feminismo, bancando los trapos, como dirían acá. Creo que una de las cosas que venimos militando son los cuidados, los afectos, los sentires, la contención, la solidaridad. Son parte de nuestras prácticas políticas. La idea de que lo personal, lo íntimo, lo doméstico, es también político. Y en ese sentido, nos deja mucho mejor preparades para encarar momentos como estos, donde justamente lo que necesitamos es contención, es acompañamiento, ayuda.

Me parecen fundamentales las redes de contención que se están construyendo para compañeras y compañeres que en situaciones como estas tienen que convivir con sus agresores. “El patriarcado no se toma cuarentena”. He visto circular esa frase por las redes, pues en estos días nos hemos enterado de femicidios como los de Claudia Reppeto o el de Cristina Iglesias y su hija de siete años. Da mucha rabia, pero también por ellas dan ganas de seguir luchando, de seguirnos cuidando, para que no se lleven a más compañeras y compañeres nuestres.

En lo personal, cuando el aislamiento, la lejanía o la incertidumbre me bajonean, me hace sentir mejor saber que alrededor mío hay un grupo de compañeras y compañeres que no me van a dejar entristecerme o rendirme, que van a estar ahí para cuando lo necesite. En este aislamiento obligado es muy importante sentirnos acompañadas y acompañades.

Trata de poner en palabras que gestualidades y sensaciones te ha generado y te está generando lo que va de esta cuarentena…

Incertidumbre tal vez sea la principal palabra. También la sensación de no alcanzar a entender la dimensión de todo lo que está pasando ahora. Hay más información de la que mi cerebro puede procesar y siento que de a poco me van cayendo fichas de las implicaciones que tendrá todo esto a largo plazo.

¿Qué pensas de la relación que tiene el escribir o leer, generalmente encerrade o en soledad, y la cuarentena?

Es una sensación muy extraña, porque por un lado la lectura y escritura necesitan de cierta soledad, pero en este contexto es muy diferente todo. Yo, si bien tengo varios proyectos colectivos, también paso largos periodos sola, en casa o en cafés, pero sola. No es algo que me moleste, al contrario, me gusta. Pero también para eso se necesita tranquilidad: y cuesta concentrarse pensando en que allá afuera hay gente que la está pasando realmente mal, pensando en qué va a pasar en México si la mayor parte de la gente vive al día y no tiene trabajo formal… Es algo que te saca constantemente de la página del libro o de lo que estás escribiendo. En ese sentido me parece bueno poder verbalizarlo. No me había dado cuenta de qué tan poco lo había hecho hasta que comencé a escribir esta entrevista. También me parece importante seguir ejerciendo nuestro oficio, y poder aportar desde nuestros lugares en lo que podamos, echar una mano para salir de esto de la forma más humana posible. Aunque estemos aisladxs en nuestras casas, es la solidaridad la que nos va a sacar de ésta.

¿Por qué es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?

No lo sé. Creo que hay una cierta visión romántica del fin del mundo, del ver cómo todo se derrumba ante nuestros ojos, del sentir que estamos viviendo nuestra propia distopía futurista. Sin embargo, en ese escenario no somos más que espectadores. En el proceso de la liberación de nuestras opresiones necesitamos ponerle el cuerpo. Nadie se sienta a ver su propia transformación: necesita estar ahí, en el centro de las acciones. Creo que eso es lo que tenemos por delante, seguir empoderándonos colectivamente con la firme idea de que la lucha cambia el ritmo de nuestras historias, de nuestras vidas.

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