Cuarentenario con Silvina Giaganti

Invitamos a Silvina Giaganti, escritora lesbiana, a participar de nuestro cuestionario para poder atravesar juntxs el periodo de aislamiento.

¿Qué estás leyendo y qué tienes en tu lista de lecturas?

En principio me estuve releyendo a mi misma en relación a cómo gestioné vínculos y experiencias recientes que tuve y qué tipo de acciones y pasiones modulé frente a los estímulos involucrados ahí. En fin.

Libros en general leo de a uno, máximo dos, y si son dos no suelen ser del mismo género. Es ensayo y novela, o novela y poesía, o crónica y novela, y así. Estuve leyendo De la cama a la calle – perspectivas lésbico-feministas de Jules Falquet, un texto que recorre las teorías, reflexiones y luchas de las lesbianas en todo el mundo. Releí Redes afectivas y revoluciones de Brigitte Vasallo, donde razona los motivos por los cuales desmontar el sistema monógamo – que excluye y jerarquiza afectos – pero también advierte sobre algunos problemas que conlleva el ejercicio de un tipo de poligamia cuando es la mera sustitución númerica de la monogamia – una relación versus varias – sin la pregunta por lo que pasa con un vinculo cuando la pasión merma o caduca.

Ahora sigo leyendo Estados del deseo de Edmund White, un libro que me está encantando.  Es un recorrido por diferentes estados de Norteamerica que documenta de modo antropológico, sensual y con ojo clínico la vida gay individual y colectiva durante los setenta, pre pandemia del sida. Es un libro bastante emocionante, bien de ghetto, culturoso, sensible, feliz y también triste. Edmund White es un capo y la traducción de Mariano López Seoane es una joya. Hay que decir cuando una traducción está realmente tan bien hecha.

Estoy con un artículo de Susan Sontag que dio lugar a su libro La enfermedad y sus metáforas y que básicamente plantea que buscarle un significado a la enfermedad, sea individual o colectiva, siempre será inevitablemente moralista y puritana. Desde la tuberculosis a la sífilis al cancer, va abordando las fobias, los prejuicios y las fantasías punitivas que despiertan. 

Y como si hubiera hecho contacto previo con la cuarentena, en febrero estuve leyendo La ciudad solitaria -Aventuras en el arte de estar solo de Olivia Laing, una escritora inglesa, ensayista y narradora. Escribió un libro fabuloso que se llama El viaje a Echo Spring sobre escritores norteamericanos arruinados por la bebida. También escribió Crudo, una novela corta mega poderosa y To the river, que no está traducido y donde Laing hace el mismo camino que hizo Virginia Woolf al río donde se mató, para revelar el poder metafórico del agua.

En La ciudad solitaria, Laing se pregunta qué significa estar solos, qué tipos de soledad existen, sus implicancias y consecuencias. En este libro analiza no ya vida de escritores sino de artistas plasticos -Warhol, Hopper, Wojnarowicz, entre otros – y por ejemplo se detiene bastante en la pandemia del sida, donde cuenta como el terror tomó a la Estados Unidos de Reagan que devino en humillación y falta total de compasión con los contagiados.

Marqué varias partes, esta es una: La soledad es personal y es también política. La soledad es colectiva: es una ciudad. En cuanto a cómo habitarla, no hay reglas y tampoco ninguna necesidad de sentir vergüenza; lo que hay que hacer es recordar que la persecución de nuestra felicidad individual no está por encima de nuestras obligaciones para con los demás ni nos exime de ella. Estamos juntos en esta acumulación de cicatrices, en este mundo de objetos, en este refugio físico y temporal que con frecuencia se parece al infierno. Lo importante es la bondad; lo importante es la solidaridad. Lo importante es que estamos alertas y abiertos, porque si algo hemos aprendido de lo ocurrido en el pasado es que el tiempo de los sentimientos durará demasiado.

¿Estás escribiendo? ¿De manera ordenada? ¿Caótica? ¿A través de ejercicios de escritura?

Si escribir de manera ordenada es tener un método, no sé realmente qué es eso. Ejercicios de escritura, menos. Escribo mucho sobre una pizarra mental, mientras salto la soga, o cocino o me baño. Escribir para mi tiene una dimensión material, la de escribir en un ordenador o cuaderno, pero tiene mucho de rumia mental también, y me gusta porque en general en esa rumia se me pierde información, me la olvido, se me escurre casi todo lo que parece una buena idea. Me gusta esa idea de escribir después de haber generado y perdido un contenido mental previo.

¿En qué proyectos inconclusos o por arrancar estas aprovechando tu tiempo en estos momentos?

Esta cuarentena me agarró mudándome de casa, así que estoy viviendo con un diez por ciento de las cosas que tengo, las otras quedaron en mi casa anterior de Monserrat. Cuando empecé terapia con Cristina, hace más de 10 años, cada vez que le contaba algo bastante denso o difícil, me respondía “que lindo lo que te está pasando”, y al principio me reía de esa ironía pero después me di cuenta de que no tenia nada de irónico, porque en verdad es lindo y redime integrar a la vida todo lo que sos y te pasa. Así que andar sin mis cosas en este momento me resulta hermoso y me alivia porque además le cerró la boca a mis deseos de control.

Además de eso, estoy entrenando, me armé una rutina en la terraza. Lo más difícil de esto es la supresión de lo que pide el cuerpo, caminar, correr, jugar al fútbol, tocar y ser tocada por alguien.  

¿Qué sientes que hace el feminismo o el transfeminismo en éste momento por vos, por todes?

Me siento un poco más cómoda hablando de lesbianismo que de feminismo. Y si bien no puedo hablar de todos los lesbianismos, es un hecho que en los grupos en los que me muevo y de los que formo parte, somos de movernos en manada, juntas acá y allá, para auxiliar a una o festejar algo que le está pasando a otra, pero fundamentalmente nos mantenemos bastante unidas en el día a día. Así que creo que se sigue haciendo lo que ya se viene haciendo, gestionar los cuidados y regar la solidaridad económica y habitacional y la horizontalidad afectiva; nos movemos bajo el  cielo del contacto, escuchándonos, aconsejando tal vez si alguna lo pide, chequeando los estados de ánimo sin invadirnos. Imaginate que si entre desterradas no actuamos así ¿Qué queda, no? 

Y también creo que más allá de la actividad hacia adentro de la manada privada, por decirlo de algún modo, hay una mirada atenta hacia lo público, a que no se cometan actos ni abusivos ni ilegales ni transfóbicos ni machistas ni racistas ni xenófobos en una ciudad convertida en un desierto vigilado, donde por supuesto sigue ocurriendo el abuso, la discriminación, el machismo y la violencia.

Trata de poner en palabras que gestualidades y sensaciones te ha generado y te está generando lo que va de esta cuarentena…

Las situaciones un poco extremas me atraen, así que no estoy haciendo palitos en la pared para contar cuanto falta. Sí reconozco que pasaron dos cosas que aliviaron la situación, una es que internaron a mi papá de 81 años justo diez días antes de que empezara la cuarentena estricta y un poco me desesperé porque es lo que se dice paciente de riesgo e imaginarmelo internado en cuarentena me inquietaba. Afortunadamente le dieron el alta un día antes y todo lo que pasó después lo leo un poco desde ahí, desde la fortuna de que es un hombre fuerte y de la atención de los médicos y enfermeras que lo cuidaron diez puntos. Y lo otro que pasó es que en febrero me quedé sin casa y me fui a vivir en marzo con Flor, que es un lujo de amiga y de ser y ahí también siento que la saqué barata porque estar sin casa en una así, con pandemia y reclusión estricta, iba a ser complicado. Pero bueno es un poco lo que decía antes, nos salvan las redes afectivas que nos permiten seguir viviendo un poco mejor en este caos. Lo que sí es que estoy tomando un poquito mas de alcohol, ja. 

¿Qué pensas de la relación que tiene el escribir o leer, generalmente encerrade o en soledad, y la cuarentena?

En principio estaría bueno ir cortando con esa idea de que la soledad es cosa de gente fallada, o de gente de la que la sociedad no gusta. No hay un parámetro correcto de cuan sana sos de acuerdo con la cantidad de personas con las que te vinculas; la necesidad de conexión, intimidad y sociabilidad varía de persona a persona. Obviamente que hay un tipo de soledad que causa dolor, que es la soledad del rechazo social, pero no me estoy ahora refiriendo a esa.

Entonces soledad me parece una experiencia fabulosa y necesaria y vital y creativa. Así como me gusta andar en manadita con mis amigas, necesito también tiempo para ser mía. Yo me dedico mucho a leer y a escribir y la verdad es que son actividades de hacer sola. Ahora con la cuarentena tengo momentos de conexión y momentos de apagón, va variando. Leo por ahí que mucha gente se está viendo compelida a ser productiva, sinceramente no me pasa y siento que justamente si algo potencialmente rico tiene la cuarentena es que si lo deseas podes hacer un apagón de información más grande que el que podés hacer en la vida sin cuarentena. Si bien sigo trabajando en mi casa y no estoy desconectada del mundo, estoy filtrando mucha información que no necesito.

¿Por qué es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?

Y, en principio lo que se me ocurre es que efectivamente el fin del capitalismo sería un fin del mundo porque sería el fin de un modo de producción y de consumo no solo de productos sino de existencias, pensamientos y deseos. Así que sí sería un fin del mundo. Dicho esto, me parece que también dentro del capitalismo se efectuan y gestionan otro modos de vida, y eso está ocurriendo ahora, no hay que esperar a un nuevo fin de la historia para ponerse a hacer cosas que divergen de la uniformidad que necesita un determinado sistema de producción para sostenerse. 

Hay otras formas de vida aquí y ahora que intuyen que es mas copado vivir en entornos complejos, diversos y mezclados que en entornos uniformes y aislados y que también intuyen que la felicidad que depende de un sistema brutal e inflamado de privilegio y opresión no puede dar con una felicidad humana y animal.

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