Cuarentenario con Ana Claudia Diaz

Ana coordina talleres de poesía y clínicas de obra. Lejos de su mar, nos responde nuestro cuestionario.

¿Qué estás leyendo y qué tienes en tu lista de lecturas?

Ahora mismo Naturaleza moderna, de Derek Jarman (Caja Negra) y La tela agujereada, de Blanca Lema (Mansalva); desde hace algún tiempo Ningún lugar a donde ir, de Jonas Mekas (Caja Negra) y Eros el dulce-amargo, de Anne Carson (Fiordo).

En mi lista de lecturas pendientes (muy pendientes): La tela maga, de Lucia Delbene (Juana Ramírez Editora), Cometierra, de Dolores Reyes (Sigilo), Algún recuerdo de intimidad, de Eli Tomassini (Alción Editora); Para una autopsia de la vida cotidiana, J.G. Ballard (Caja Negra); Tráfico / Estiba, de Jorge Boccanera (Hemisferio Derecho); Sobre la amistad, de Siegfried Kracauer (Editorial Las Cuarenta); Residencial Splendid, de Joaquín Valenzuela (+ también); Constitución, de Rafael Espinosa (Caleta Olivia); Así la vida de nuestra primavera, de Lidia Rocha (ediciones la mariposa y la iguana); Trilogía del temblor, de Valeria Melchiorre (Vrania); Lalamatic y otros versos, de Sebastián Bianchi (Caleta Olivia); Alimón -poemas a larga distancia-, de Laura Fuksman y Fabiana Rivero (Niña pez ediciones) y Contemplar el océano, de Dominique Ané (Fiordo).

¿Estás escribiendo? ¿De manera ordenada? ¿Caótica? ¿A través de ejercicios de escritura?

Estoy escribiendo poemas sueltos, desordenados. También estoy escribiendo en mi cabeza, sellando las ideas como capturas fotográficas, quiero decir tanto, y sin embargo -cuarentena mediante- no hallo el tiempo o la manera para plasmarlo aún. A veces vamos escribiendo en la imaginación hasta que después lo pasamos al papel o al teclado de una forma catártica o perfectamente mesurada. Escribir es una literalidad que, paradójicamente, usamos como metáfora. 

Me encantan los ejercicios de escritura, sobre todo los de escritura automática, me declaro fan de sus estructuras y recursos; pero últimamente no los uso y solo escribo a través de lo que me interpela o de las palabras que sin razón -aparente- afloran en mi puño.

¿En qué proyectos inconclusos o por arrancar estas aprovechando tu tiempo en estos momentos?

Estoy terminando de corregir las galeras de Yacer en el Tuyú, una antología que reúne a poetas del Partido de La Costa y Partido de General Lavalle y en la que vengo trabajando hace casi 2 años, aproveche este tiempo para escribir el prólogo y terminar de revisar los textos. También estoy armando la plataforma virtual que acompañará al libro.

Doy talleres de escritura online y por suerte en estos días se multiplicaron; hay una gran parte del tiempo que la destino a leer y dialogar en los textos ajenos; siempre tan apasionante.

Y le estoy poniendo mucha energía a el CERO de las formas, un proyecto que se dedica principalmente al diseño y la edición de libros, fanzines y revistas; y paralelamente, a la corrección y revisión de textos. Con Diego Eguiagaray, lo inauguramos hace casi dos años y ahora lo estamos re estrenando; para quienes gusten chusmear pueden encontrarnos en Instagram(@el.cero.de.las.formas) y Facebook.

También en estos días, en un acto heroico, planeo reordenar mi biblioteca alfabéticamente.

¿Qué sientes que hace el feminismo o el transfeminismo en éste momento por vos, por todes?

Las colectivas feministas están operando todo el tiempo, construyendo redes de comunicación para las víctimas de violencia de género, redes solidarias y de contención para todxs; puntos de asesoramiento. Siempre abordando la situación que toque, hubo alertas feministas -ruidazo en balcones, terrazas, ventanas- para reclamar por los femicidios que transcurrieron en estos días. 

Es un momento muy difícil y complejo, creo que todo este circular constante de información es una base fundamental con la que contamos; en días de tanta soledad y desamparo sabernos cerca y alertas es importantísimo, sobre todo cuando las injusticias y lo aberrante no cesan.

Trata de poner en palabras que gestualidades y sensaciones te ha generado y te está generando lo que va de esta cuarentena…

Actualmente, me encuentro en CABA, lejos de mi familia que está en La Costa, cuando pienso en cuándo los volveré a ver me genera cierta angustia. El día que cerraron las rutas sentí un poco de asfixia, fobia; cuando aparece ese lado medio darky la realidad se vuelve un poco espeluznante entonces trato de focalizarme en los proyectos que mencionaba antes. 

Las sensaciones van cambiando, quizás al principio era más positiva la idea de estar en casa, casi sin horarios, de alguna forma suspendidxs en el tiempo; ahora con el transcurrir de los días esa suspensión se vuelve un poco más densa. No sé si veo el horizonte y eso me preocupa, pero también es parte de cierto control o zona de confort a la que estamos acostumbradxs (me refiero a la costumbre de visualizar el día de mañana), hoy todo es incertidumbre.  

De todas formas, creo que estando solxs justamente es el momento en que menos solxs estamos.  También veo en las redes que la mayoría de la gente en sus casas hornea pan, hacen comidas caseras, etcs; realmente creo que estamos deconstruyendo el tiempo y armando un cotidiano un poco más amable con nosotrxs mismxs. Sin dejar de lado la hostilidad de la situación económica, claro. El presente fue adquiriendo otro rol, y trato de transitarlo desde un lugar más consciente y también real, por supuesto.

¿Qué pensas de la relación que tiene el escribir o leer, generalmente encerrade o en soledad, y la cuarentena?

La soledad siempre está asociada al mito de la inspiración y sus derivantes o delirantes, ahora cuando es forzada no se si resulta tanto. Sin dudas creo que es una situación única, como nunca. En lo que a mi respecta, siempre busque espacios nocturnos para escribir, corregir, incluso leer. Y estos días fui corriendo la aguja del reloj, empiezo desde las 7 u 8 am a escribir y así se van pasando las horas, hasta que cae la tarde. Mi propia antítesis. Hay algo del silencio en la ciudad que es bastante cautivante, salir al balcón observar los ventanales ajenos mientras el sol pica en la cara; volver a entrar y salir a ver la puesta del sol, sentir el viento suave del anochecer o el frescor de la medianoche y así..  ir anotando cosas, trabajando con las palabras interna y externamente. Elegir, constantemente, que palabras esculpir en medio de todo este caos.

Desde un lugar más fantasioso, bien podría tomarse como un retiro de escritura, un reality casi. Solo que la realidad es mucho más dura en cuanto a los recursos y a la anomalía.

¿Por qué es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?

¿Porque el fin del capitalismo no lo vimos en ninguna película?

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