Cuarentenario con val flores

Maestra, tortillera y activista lesbiana feminista cuir prosexo, val flores escribe ensayos marcados por una latitud sur en un desviado cruce entre teoría, política y poesía. Hoy participó de nuestro cuarentenario.

¿Qué estás leyendo y qué tienes en tu lista de lecturas?

En este momento estoy leyendo “La parábola del sembrador”, una novela de ciencia ficción de Octavia Butler, que me trajo una amiga desde Chile antes de la implementación de la cuarentena obligatoria, que hacía rato lo tenía en vista. También estoy leyendo “Utopía queer” de José Estaban Muñoz; un artículo de Janna Graham, una artista y educadora británica, “Técnicas para vivir de otra manera. Nombrar, componer e instituir de otra manera”; estoy terminando la edición de Parole de queer sobre antiespecismo; empecé recientemente el artículo “Límite y relación: pensar el contacto desde la filosofía de Gilbert Simondon”, de Marie Bardet, el libro “Contagio social. Guerra de clases microbiológica en China”, del colectivo chuang, a la vez que “Una educación estética en la era de la globalización”, de Gayatri Spivak; junto a varios artículos periodísticos acerca de la pandemia, además de las escritos de los talleres de escritura que sostengo de manera virtual. Lecturas babélicas y fragmentarias, pero que van haciendo ecos sensibles unas con/contra otras, todo a ritmo de una morosidad insolente.

¿Estás escribiendo? ¿De manera ordenada? ¿Caótica? ¿A través de ejercicios de escritura?

Estoy escribiendo, como siempre, porque es una práctica vital que pulsa esa obsesión de hacer de la vida una experiencia poética… sin pretensiones de publicación ni mucho menos, para mí escribir es un modo de relación singular con el mundo. Escribo en diferentes registros según los proyectos, las atmósferas anímicas y oníricas de la vigilia, el grado de concentración que pueda lograr en estos tiempos de incertidumbre, represión y confinamiento, o la inmersión en ciertas esferas idiomáticas que va creando la propia escritura. A su vez, las escrituras de mis talleristas estimulan mis propias escrituras.

¿En qué proyectos inconclusos o por arrancar estas aprovechando tu tiempo en estos momentos?

Más que “aprovechar el tiempo” que tiene un aire de hiperproductividad, tal vez la idea sea en estos tiempos trastocados intentar buscar las pequeñas fugas y hendiduras afectivas para habitar el tiempo de otro modo, para (des)hacernos (en) otro tiempo, en esa aventura casi forzada por un contexto coercitivo, como una tentativa de atender a cuáles son los automatismos de nuestro cuerpo que configuran una cotidianidad en tanto campo de relaciones que hacen a un modo de vida que se vio total y abruptamente desencajado. Y allí abrir preguntas incisivas, no solo sobre nuestro presente vulnerable, precario, finito, y no solo sobre el futuro que agobia con un ¿Cómo salimos de esto? ¿Qué otros cuerpos seremos cuando se abran las puertas de esta prisión preventiva? En particular pienso, en mi caso, dada la fuerte imbricación singular entre cuerpo y escritura que trabajo en mis talleres así como en mi propia política escritural ¿Cómo se verá afectado el lenguaje con esta pandemia y sus medidas de aislamiento, distanciamiento, control, vigilancia e higienismo? Entre esas inquietudes que van desgarrando el tiempo, giran algunos proyectos más ensayísticos de recuperación de escritos sobre feminismos, disidencia sexual y modos de producción teórica por fuera de los marcos institucionales, y por otro lado, hago pequeñas mordeduras en un proyecto de escritura amorfo y oblicuo, de tono más experimental y opaco.

¿Qué sientes que hace el feminismo o el transfeminismo en éste momento por vos, por todes?

Me resulta una pregunta un poco clientelar. No estoy esperando que el feminismo haga algo por mí, me considero una activista feminista bien heterodoxa por cierto, por lo que el feminismo es una práctica política, teórica y afectiva que se ejerce en nuestras vidas, y eso supone una multiplicidad de micro-gestos atentos a sostener en este momento una capilaridad de situaciones muy disímiles, que puede ser escuchar el pánico de las amigas y acercar una pregunta como caricia que abra a pensar otra posibilidad, preguntar ¿Tenés para comer, para pagar el alquiler?, idear escrituras colectivas sin necesidad de mediatización, estar alertas a lxs compañerxs que están en situaciones de extrema vulnerabilidad por la violencia de sus compañerxs, incluso hacer silencio ahí donde hay saturación online… hay miles de modos de ejercicio de los feminismos que hacemos entre todxs, con diferentes perspectivas, escalas y alientos. Por ejemplo, la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual Norpatagonia organizó una Red de cuidados y lanzaron una colecta para lxs trabajadorxs sexuales, la mayoría en situaciones muy precarias, muchas de ellas migrantes, para colaborar con su alimentación y gastos diarios, teniendo los cuidados adecuados y sorteando los controles policiales, que en particular en la ciudad de Neuquén se encarnizaron con fuerza, ya que todos los días a las 20hs suena una sirena para disuadir/prohibir que la gente salga a la calle, con un efecto tortuoso y disciplinador, junto con la prohibición de salir los domingos.
Tal vez, sí sería provocador de un hacer feminista crítico no naturalizar una serie de medidas de corte represivo que vulneran aún más muchas vidas precarizadas y racializadas, para comprenderlas como políticas sexuales que van a tener un efecto altamente disciplinador y regulador de nuestras sexualidades y deseos.

Trata de poner en palabras que gestualidades y sensaciones te ha generado y te está generando lo que va de esta cuarentena…

Shock inicial por el encierro y la parafernalia mediática del miedo. Mirar el limonero en patio compartido todas las mañanas. Agradecer el sol que entra por mi ventana. Hastío del encierro. Ganas de salir corriendo al parque. Músculos apretados. El clítoris incendiado de pajearme sola. Escuchar cómo varió el canto de los pájaros. Rabia por el fascismo re-activado. Dialogar con la lavanda y el culandrillo. Aprender de las plantas y sus movimientos imperceptibles, de la quietud móvil de un modo de estar. El murmullo de las casas vecinas, algunos estridentes. Alojar con un mate virtual el desasosiego amigo. Compartir un poema para no aislar la lengua. Apagar un rato la pantalla. Sacar cuentas para ver cómo sobrevivir ante la cancelación de varios trabajos. Charlar un rato con las vecinas y organizarnos para pagar los servicios. La risa como antídoto crítico para fisurar el estado de tragedia. Ejercitar la impaciencia de la calma… como ecos mullidos de que nos sabemos en esta complejidad inusitada que nos pone al borde de nuestras precariedades y vulnerabilidades, y también de nuestra inventiva a contrapelo –como se pueda- del clima general de pánico, ansiedad, vigilancia y control.… un desafío amoroso y político para tantear otra lengua por venir,

¿Qué pensas de la relación que tiene el escribir o leer, generalmente encerrade o en soledad, y la cuarentena?

Leer y escribir son prácticas sociales, experiencias colectivas, a veces adquieren la forma del encierro, también de la soledad, la que la practico asiduamente, pero en su hacer una está dialogando con una multiplicidad de voces que están allí presentes, agrietando los horizontes conocidos, sacando chispas, abrazando con una frase… ¿Qué otra piel nos estamos haciendo? ¿Que otro modo de relación con el mundo? Ahí en nuestra piel se nos está jugando mucho de la vida que vendrá… y lo digo con el peso de 18 días de no tener contacto corporal con ningún humanx. Quienes han venido a mí de forma voraz han sido los mosquitos.

¿Por qué es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?

¿Porque tendremos que desarmar el deseo del deseo de capitalismo? ¿Porque se siguen aplaudiendo medidas de corte represivo que le da mayor poder al estado y a las fuerzas de seguridad, que produce un aplastamiento y silenciamiento de experiencias y saberes de gestión de los cuidados generadas de forma comunitaria? ¿Porque nuestros imaginarios políticos, estéticos y sensibles han sufrido un fuerte y violento despojo de las inventivas radicales? ¿Porque le entregamos la gestión de la vida a un estado tutelar en vez de armarnos con la experticia ancestral de nuestros propios saberes y poéticas pervertidas? ¿Será que cuando le entregamos dócilmente las palabras a otrx, incluso a lxs escritorxs, entregamos nuestras armas, que son nuestro pensamiento vivo y nuestra poesía insumisa?

Puedo decir que desde los 16 metros cuadrados en los que vivo, anduve olfateando el cuestionario con la puerta abierta para que entre el aire tibio de un solcito de otoño, a dos metros de distancia de una mesa multitareas, con una ventana hacia la derecha que ilumina los amaneceres tempraneros y cobija el típico mate con yuyos que combustiona el encendido del día, sosteniendo dos cactus pequeños, y tirada hacia atrás la presencia revoltosa de una biblioteca con los libros más recientes regalados o adquiridos, en espejo con otra biblioteca repleta de libros que me acompañaron fielmente en la última mudanza.

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