Reseñas Breves #16

No es tarea sencilla elegir cómo abordar a un ser humano tan complejo y tan profundo como Alejandra Pizarnik. Podríamos referirnos a las virtudes de su poesía, a su larga búsqueda a través de la palabra, a su fervorosa experimentación con el lenguaje. Pero aquí estamos ante su diario.

Este diario es la búsqueda desesperada de un destino. Borges escribió que el destino de Kafka fue transmutar su vida en fábulas. Podríamos decir que el destino de Pizarnik fue el de transmutarse en poesía.

Este diario es la búsqueda de un destino; es decir, es el diario de una lucha que Pizarnik libró para encontrarse. La intensidad del diario apenas se tolera. Rara vez llegamos a ver la lucha que cada cual libra dentro de sí para encontrarse o para encontrar a los otros. Pizarnik, en este diario, nos descubre la suya. Dijimos que su intensidad apenas se tolera; quien aborde este libro comprobará que no hay instante en la vida de Pizarnik que no esté rodeado por los interrogantes más irrespondibles que un ser humano se pueda formular, y sobre todo, que no hay un instante en que esa lucha no se libre como si fuera el último instante. Todos vivimos esa lucha, pero solemos postergar la idea del instante decisivo o final para poder vivir tranquilos; Pizarnik buscaba ese instante todo el tiempo.  

Uno de los resultados de esa lucha, es su poesía. Así lo declara, indirectamente, en su diario: “Sólo sé esto: mi idea de la salvación, la imagen paradisíaca de una Alejandra salvada, es imaginarme no pensando en mí misma a la distancia, con una gran calma, considerando mis desgracias con la misma calma casi indiferente (sin morbidez) con que considero las ajenas. Cuando llegue a ese estado o estadio, si llego, la poesía no será más mi quehacer”. Creo que en Pizarnik, como en Kierkegard o en Sartre, se evidencia crudamente nuestra condición de haber sido arrojados inexplicablemente al mundo.

Antiguamente el destino era la voluntad de los dioses. Hace ya tiempo que tenemos la idea de que el destino es algo que se asume y que se forja. Lo que este diario evidencia es que ese acto es tortuoso y colosal, y que implica una profunda indagación de sí y de los otros. La poesía es parte de esa indagación. Pizarnik no deja de indagarse y de indagar a quienes la rodean, no deja de indagar el precario instrumento del lenguaje. El diario es esa indagación, línea por línea, palabra por palabra. La vida, ese insondable hecho, es su objeto. No debe haber libro ni palabra que no la tenga por objeto, pero en este la vida parece mostrarse en sus verdaderos y terribles extremos.

Es que Pizarnik asumió la vida en sus terribles extremos. La asumió a través de la poesía y, sobre todo, a través de sus sentimientos. Y, sin embargo, hay en el diario una atmósfera de impotencia por resolver sus problemas. Una frase suya quizá ilustre esta situación: “quien siente mucho se jode y no encuentra las palabras”.

Pavese, antes de suicidarse, escribió que los perdonaba a todos y que les pedía perdón a todos. Pizarnik, el jueves 3 de enero de 1963, escribió que “solo queda una extraña piedad, por mí y por todos”. ¿Cuál es ese inhallable contacto entre los seres humanos que nunca se da y que acaso es la razón de la literatura?

Abelardo Castillo pensaba que el diario es el más hipócrita de los géneros literarios. El de Pizarnik es una brutal refutación de ese pensamiento. No es necesario que alguien entre en detalles o cuente minuciosamente sus pesadillas para que un diario sea honesto; basta con que su autor descubra sus verdaderos sentimientos hacia el mundo, sus verdaderos fracasos y sus verdaderos anhelos. Pizarnik hizo eso en su diario; por eso estas líneas son indudablemente ciertas: “Yo siempre digo la verdad. Y si digo: es tarde para mí, ya es tarde para aprender a hablar con los otros y ya es tarde para buscar un miserable rincón donde protegerme de los golpes no hago más que mirar mi vida con la exactitud que se merece”.

La literatura no solo le debe gratitud a Pizarnik por su poesía, se la debe también por su diario. Es el testimonio de una escritora que buscó y descubrió las posibilidades y las imposibilidades del lenguaje, y las posibilidades e imposibilidades de la vida.

Martin Marchione

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Diario; Alejandra Pizarnik; Lumen; 504 páginas; $ 1019.

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