Conversamos con Matías Reck, editor de Milena Caserola, a propósito de los 20 años de la editorial.
La Libre: A 20 años de Milena Caserola, queremos saber de sus inicios: ¿cómo surgió la idea de hacer una editorial independiente? ¿Quiénes estaban en esos inicios? ¿Y cómo eligieron el nombre?
Milena Caserola surge en el año 2005, pero la idea viene de los encuentros asamblearios del 2001/2002. Milena es el nombre de una niña que andaba por el barrio y Caserola es el elemento hogareño que resonó en las protestas sociales. No por poner fechas sino por pensar una impronta, un momento histórico, una forma de hacer política, organizarse y pensar ciertos conceptos de autonomía y de cultura popular, autogestiva, independiente.
Hoy pensar en esos ideales parece algo alejado, demodé e imposible de imaginar porque antes de hacer cualquier tipo de acción cultural se piensa en el financiamiento, el mecenazgo, los apoyos, etc. En ese momento era todo lo contrario, había que hacer porque había algo que se estaba transformando en la sociedad, buscábamos una práctica que permitiera a todes participar de forma horizontal. Concretar esa idea fue todo un recorrido y me parece que logramos salir del tipo de organizaciones más verticales, no democráticas.
Al comienzo desconocíamos sobre el quehacer de las editoriales y su historia con lo cual tuvimos que hacer un doble trabajo: la construcción de un catálogo y el estudio del campo editorial.
La Libre: ¿Cómo deciden lo que publican? ¿Hay alguna lógica de publicación dentro del catálogo?
La lógica de publicación dentro del catálogo es la afinidad. Empezó con amigos, amigas, gente cercana que proponía algún texto. Solo por el placer de conocernos y compartir se empezaron a publicar los primeros libros. Entre ellos, la primera antología de Ioshua (Luz y fuerza) que a su vez era una antología de amistades, de afectos, entre los que estaban Naty Menstrual, Claudia con K, Hernán y otros poetas. Entre las amistades que íbamos construyendo en las facultades y en la calle fuimos armando grupos de afinidad; cada una de esas personas con las que nos cruzamos tenían materiales escritos que pensamos luego como libros.
De esta manera, construimos un catálogo dual donde conviven esos textos experimentales con otros libros de investigación. Desde el principio, Milena Caserola tiene un catálogo muy consistente en lo que es la experimentación poética, narrativa y ensayo académico. Intuitivamente se fueron armando esas redes para conformar el catálogo. Milena no busca por lo general autores ni temas ni libros concretos sino que esos libros se le presentan a Milena de una forma un poco mágica.
La Libre: ¿Qué novedades destacan ?
En diciembre festejamos nuestros 20 años en La Libre. Seguimos con la misma potencia editorial: la posibilidad de publicar poesía, narrativa y ensayo. Los últimos meses publicamos libros como Bosque Migrante, de Noemi Frenkel;Amarú, el coipo, de Yanina Viegas Mendoza; Ama de casa morbosa, de Pol Ajendo;Al calor de una noche de verano, de Karina Maccio; El pan de las palomas, de Silvia Appugliese;Los viejos meados, de Guillermo Adamo;Al fondo de la primera, de Nerina Carunchio; Fachosfera, feopolítica de la turbulencia, de Jorge Elbaun; entre muchos otros.
En el 2025, publicamos entre 90 y 95 libros. Sin embargo, fue un año de muy baja venta, en la Feria del Libro de La Rural nos fue muy mal y casi estamos por abandonar ese barco. Buscamos en este momento volver a los espacios más chicos, más propios, tratando de pensar las discusiones que pueda haber hoy en la política nacional e internacional. Tenemos varios proyectos para el 2026 que estamos pensando en ese sentido.
La Libre: ¿Qué importancia creen que tienen las librerías en el ecosistema editorial?
No fue el mejor año para pensar el intercambio de la editorial con las librerías, en principio porque tuvimos muchos cambios en la distribución de los libros.
La editorial siempre se pensó como parte del ecosistema del libro que se compone por los autores (principalmente), las editoriales, las librerías, distribuidoras, imprentas, lectores. Sin embargo, hoy en día tenemos muchos problemas para hacer tiradas grandes de ejemplares para poder distribuir mejor y tener más diálogo con las librerías. Más allá de los libros y la cantidad de ejemplares que vayan a cada librería, nos interesa poder conversar: que se conozcan las novedades, el catálogo, los libros de fondo y ver a partir del encuentro qué diálogos se pueden dar. Eso no ha sucedido este año, nos da mucha pena porque justamente pensamos que los 20 años de Milena podía ser una oportunidad para tener una mesa destacada en distintas librerías cada mes, pero solo en La Libre pudimos organizarlo.
Hay algunos títulos que vamos sacando que sí se insertan mejor en algunas librerías así que lo vamos pensando puntualmente, dependiendo del autor, el libro o el tema y su afinidad con el espacio. Esperamos que el año que viene podamos estar más presentes para que los lectores nos encuentren y se generen esos diálogos que buscamos alrededor de los libros que publicamos. También tendremos más presencia en ferias que están resurgiendo, independientes y autogestivas. Intentamos trabajar desde el apoyo mutuo, por eso siempre estamos a disposición para charlar y ver cómo podemos potenciarnos entre todes en la cultura.
La Libre: Por último, ¿cómo ven el futuro de los libros y la lectura?
El futuro del libro se ve en la historia. Hay que mirar para atrás. Me parece mucho más futurista rescatar una máquina de linotipo y hacer libros artesanales, bellos, poniendo el cuerpo y la tinta. Así veo el libro del futuro: con una calidad donde sea indiscutible la presencia del humano. Para mí habrá una continuidad del libro artesanal, el trabajo con el arte, la búsqueda de los sentidos y el olor de la impresión. El futuro del libro se da en la reinvención del libro y en pensar las distintas textualidades y cuáles son los textos escritos que conmueven, movilizan e interpelan. Ahí sí la editorial tiene un rol importante en la forma de hacer y en la disputa de sentidos de los textos. El futuro es seguir haciendo lo que estamos haciendo; abandonar o convertirnos en autómatas es un gesto de poca imaginación. Creemos que es necesario imaginar nuevos escenarios del libro, la lectura y el encuentro.
Entrevista realizada por Anshi Moran


