Charlamos con el equipo editorial de consonni, un proyecto cooperativo con sede en Bilbao, España, que hace varios años circula también en nuestro territorio. Elegimos este sello como editorial del mes de La Libre porque sus libros nos interpelan desde las preguntas e incomodidades, desde las angustias y pasiones, y porque nos encanta recomendarlxs. Esperamos que disfruten como nosotrxs de todo lo que nos contaron en esta nota.
La Libre: Queremos saber de los inicios de la editorial, ¿Cómo surgió el proyecto? ¿Cómo eligieron el nombre de la editorial?
consonni es un proyecto especial: lo llamamos “viejoven” porque, aunque la editorial tiene solo cinco años, nace de un proyecto cultural que el próximo año cumplirá treinta. consonni surgió como un centro de prácticas artísticas contemporáneas situado en una fábrica de Bilbao. El nombre viene precisamente de esa fábrica abandonada donde empezamos, un lugar que nos pareció perfecto como símbolo: un espacio industrial, colectivo, que alguna vez fue de producción material y que transformamos en producción cultural.
Con el tiempo dejamos aquella fábrica para instalarnos en pequeñas oficinas y convertirnos en una productora cultural dedicada a proyectos de arte contemporáneo. Más adelante llegamos a un local en el barrio de San Francisco de Bilbao, donde nos definíamos como espacio cultural: organizábamos talleres, residencias, clubes de lectura y distintas actividades.
En ese contexto comenzamos a publicar catálogos de los proyectos que producíamos.
Luego dimos un paso más con la colección Paper, dedicada a la crítica cultural, y no fue hasta 2019/2020 cuando iniciamos la colección El origen del mundo. En ese momento empezamos a considerarnos realmente una editorial, ya que contábamos con distribución comercial y la edición se convirtió en nuestra actividad principal, aunque seguimos vinculadas a la producción cultural.
Siempre decimos que consonni es una criatura mutante y que muta para responder a las necesidades de su comunidad de proximidad. La editorial nace, por tanto, a partir de otra práctica, profundamente conectada con el arte contemporáneo, y con la intención de abrir un espacio para voces y pensamientos que no encontraban lugar en los catálogos más comerciales. Desde el principio quisimos hacer libros que incomoden un poco, que amplíen los márgenes de lo posible y que aporten nuevas miradas feministas, críticas y experimentales. Venimos del arte contemporáneo, y ese lenguaje, esa forma de pensar y de trabajar, impregna también nuestra manera de editar.
La Libre: ¿Con qué criterios eligen y deciden lo que publican en el catálogo? ¿Reciben manuscritos o salen a pescar libros?
Publicamos libros que nos remueven, que nos hacen pensar o que cambian nuestra forma de mirar el mundo. Nuestro catálogo se organiza en varias líneas: apoyar las lenguas minorizadas, amplificar el pensamiento raro, investigar otros mundos a través de la ciencia ficción o hacer arqueología literaria para recuperar títulos descatalogados o nunca traducidos. Todo ello desde una mirada feminista e interseccional.
Buscamos textos que combinen riesgo estético con pensamiento crítico, especialmente desde perspectivas feministas, queer o poscoloniales. A veces los encontramos nosotras mismas, rastreando obras olvidadas, traduciendo títulos que merecen otra vida o preguntando a nuestras cómplices. Contamos con un grupo asesor amplio que nos sugiere autoras, títulos y caminos posibles. Otras veces nos llegan propuestas que encajan de forma natural en el catálogo.
En general, preferimos salir a pescar antes que esperar que los peces lleguen solos. Pero nos gusta pescar en colectivo, de forma sostenible y con curiosidad compartida: conversar, escuchar, descubrir juntas.
La Libre: ¿Qué novedades tuvieron este año?
Este año en España, nuestro catálogo ha crecido con títulos muy distintos, pero profundamente conectados por una mirada crítica, feminista y experimental. En ficción, hemos publicado novelas que exploran el deseo, la memoria y las heridas del cuerpo y del lenguaje, como Suya era la noche de María Ovelar, Me fui como una tormenta de Sara Herrera Peralta o Una niña bien hecha de Pia Edvardsen. Hemos recuperado voces imprescindibles como La hora violeta de Montserrat Roig o Aulagas de Gemma Ruiz Palà, ambas traducidas del catalán, y seguimos apostando por autoras vascas contemporáneas traduciendo del euskera al castellano libros como Lo que una ama de Miren Billelabeitia, Pleibak de Miren Amuriza o Hetero de Uxue Alberdi.También ampliamos nuestras geografías y géneros con la literatura brasileña de Suite Tokio de Giovana Madalosso, la ciencia ficción japonesa feminista de Aburridísima de Izumi Suzuki, la mirada postcolonial y humorística de Antichristie de Mithu Sanyal o la narrativa queer rusa Springfield de Sergey Davydov. En el segundo semestre dimos un paso importante con publicaciones en euskera dentro de la colección El origen del mundo, con obras de autoras que están renovando la literatura euskaldun desde dentro, como Beste zerbait de Danele Sarriugarte, Katona de Antxiñe Mendizabal, además de Narrugorrik de Ixiar Rozas y la nueva edición en euskera de Gela bat norberarena de Virginia Woolf
Ha sido un año potente: entre la arqueología literaria y la exploración del presente, entre la ficción radical y el pensamiento crítico. Cada libro ha sido una apuesta por la complejidad, la belleza y la transformación.
En Argentina publicamos una muestra de nuestro catálogo con Aliento, ojos, memoria de Edwidge Danticat, una autora haitiana radicada en Estados Unidos cuya obra atraviesa las heridas del exilio y la transmisión entre generaciones. Es una novela poderosa sobre la memoria, el cuerpo y las raíces, que dialoga con muchas de las preocupaciones de nuestro catálogo. Nos alegra especialmente que llegue a librerías argentinas, porque sentimos que hay una sintonía profunda entre nuestras lectoras y la sensibilidad de Danticat.
Para el año que viene tenemos previsto publicar Springfield de Sergey Davydov y Suite Tokio de Giovana Madalosso, continuando ese puente entre territorios, lenguas y afectos que nos gusta tejer desde consonni.
La Libre: ¿Qué importancia creen que tienen las librerías en el ecosistema editorial?
Son absolutamente fundamentales. Todas las librerías, grandes o pequeñas, cumplen un papel esencial en la cadena del libro y en el encuentro con el público lector. Las librerías independientes, en particular, son claves para sostener la bibliodiversidad: son los espacios donde los libros respiran, donde se crean comunidades lectoras y donde se cuidan los proyectos pequeños como el nuestro.
Sin librerías cómplices, la edición independiente no tendría sentido. Son aliadas naturales: comparten nuestra escala humana, nuestro ritmo y ese trabajo casi artesanal que hay detrás de cada título. Las cadenas de librerías también cumplen su función y son una parte importante del panorama, permitiendo que los libros lleguen a audiencias más amplias.
El corazón del ecosistema del libro está en las librerías que dialogan con sus lectoras,
que leen, que recomiendan. Y en ese sentido, admiramos mucho la fuerza del tejido librero argentino donde las librerías son verdaderos centros culturales, lugares de pensamiento y encuentro. Nos emociona que nuestros libros también encuentren allí su casa.
La Libre: Por último, ¿cómo ven el futuro de los libros?
Con todos sus desafíos, lo vemos vivo. Cambiarán los formatos, las formas de leer y de circular, pero el deseo de contar y de escuchar historias sigue intacto. Mientras haya gente que necesite imaginar el mundo, habrá libros. Y ahí estaremos, sosteniendo ese gesto colectivo de resistencia y de creación.
Después de la pandemia vimos cómo se reactivó el interés por la lectura en muchos países, y en España los datos son positivos: la gente joven es hoy la franja más lectora. Eso da confianza en el futuro del libro. En una sociedad tan tecnologizada, alejarse de las pantallas se ha vuelto casi un acto de cuidado. El libro es, literalmente, un oasis. Lo importante es no tender hacia el monopolio, no concentrar las formas de producir, difundir y vender libros, porque eso empobrece el imaginario colectivo. Por eso creemos que el ecosistema del libro debe ser diverso: que convivan grandes, medianas y pequeñas editoriales; librerías de todo tipo; distribuidoras comerciales y también ferias del libro, grandes o locales. Que haya espacio para lo experimental y lo popular, para lo literario y lo híbrido. Solo así los libros seguirán siendo lo que siempre fueron: una forma de pensar juntas el mundo.
Entrevista realizada por Anshi Moran


