El pasado jueves 5 de junio se presentó Crítica Anfibia. Métodos y espacios de acción de los estudios de literatura en la contemporaneidad (Tren en Movimiento), el nuevo libro de Lucía Tennina. Compartimos las palabras de presentación de Carolina Ramallo quien, con sensibilidad y lucidez, contagió su entusiasmo por una crítica literaria que resiste en comunidad en tiempos tan difíciles. Le agradecemos la generosidad de compartirlo con nuestrxs lectores.
Lo único que me costó cuando preparé esta presentación fue decidir qué elegir para decir en 10 minutos, porque eran tantas las cosas que me interpelaban, tantas las que subrayé y corazoneé en los márgenes, que mi libro quedó totalmente atravesado por corazones, flechas, signos de exclamación y preguntas… muchas preguntas anotadas en los márgenes y en post-its. Mandé fotos de las páginas del libro a amigues, hablé de él con tesistas, lo paseé en mochila con la esperanza de poder leerlo durante estas dos semanas llenas de entusiasmo crítico-anfibio.
Al final, apretando los dientes, elegí empezar por una página del libro que funciona como una puesta en abismo.
En esta página suceden casi todas las cosas que suceden en el resto del libro:
1) En el cuerpo del texto se presentan las epistemologías del sur como “co-creaciones” y “co-labor-acciones”.
2) Luego, se afirma con lucidez y coraje que la apuesta por estos enfoques “solo es posible logrando una sensibilidad en la escucha y el diálogo, y partiendo de que los resultados no están garantizados, sino que como en toda creación hay algo de improvisación y transformación”.
3) Y en una nota al pie Lucía hace algo que muches intentamos y que le sale bien solo a les mejores de nosotres: se posiciona frente al escándalo de acoso laboral y sexual que rodeó a Boaventura de Sousa Santos con honestidad y valentía, diciendo: “después de muchas dudas decidí mantener las referencias a sus trabajos exclusivamente en coautoría, sin dejar de solidarizarme con las víctimas y dejando en evidencia cómo el discurso académico se contradice muchas veces con sus prácticas”.
4) La secuencia, finalmente, es rematada con una línea que es el programa de todo el libro: “La ecología de saberes requiere una revisión de la estructura de nuestros conocimientos, no solo teórica, epistemológica y metodológica, sino también ética y política”.
Todo eso en una sola página. ¿Hermoso, no? Imagínense lo que es leer todo el libro.

Crítica Anfibia. Métodos y espacios de acción de los estudios de literatura en la contemporaneidad tiene muchas virtudes: es erudito sin ser pretencioso, es claro sin ser condescendiente y es atractivo sin ser petulante, pero su mayor belleza y originalidad, para mí, reside en su coraje: muy pocas veces se incluyen en los argumentos de los textos académicos las propias fragilidades, las dudas, los intentos fallidos, los miedos.
Casi nunca se hace de eso un argumento para la producción y validación de pensamiento crítico o para la potenciación del trabajo intelectual. Y Lucía acá lo hace no una, sino muchas veces. Como cuando narra su experiencia docente en Belo Horizonte, Brasil, donde “solo tenía ganas de irse”, donde se enojó (donde yo hubiera tenido ganas de llorar a gritos, claramente), pero ella confió. Confió en el pensamiento compartido en el aula, en la conversación y la producción de conocimiento situado y colaborativo y no ganó el partido, ganó el campeonato.
La dispositio del libro anunciada en la Introducción es una maravilla: seis capítulos que presentan búsquedas y posibles “salidas” ante las encrucijadas actuales de la disciplina literaria, cada una de ellas, del capítulo 1 al 6, son productos críticos propuestos en relación con un corpus específico y concebidas como estrategias de intervención teórico-metodológica-discursivas novedosas.
La secuencia es: crítica performática, crítica transdisciplinar, crítica no extractivista, gestores de la crítica, crítica situada, Influencers de la crítica.
Pero (¡y esta es la palabra clave!) cada capítulo es una exploración de los alcances, pero también de los límites de las propuestas, es una apertura al pensamiento crítico arriesgada, valiente, porque invita a escribir preguntas en los márgenes, a contestar, a quedarse pensando y charlando.
Hay un cuento alucinante (que se llama Las chicas salvajes) de una autora deslumbrante (Úrsula Le Guin) que dice así:
Modh no dijo: Pero
Le resultaba perfectamente claro que era un sistema de intercambio, y que no era un intercambio justo. Venía de lo suficientemente fuera de esto para ser capaz de verlo. Y, al estar excluide de la reciprocidad, cualquier esclave puede ver el sistema con ojos desengañados. Pero Modh no conocía ningún otro sistema, ninguna otra posibilidad de otro sistema, que le habría permitido decir: -Pero. Tampoco Nata conocía esa alternativa, ese espacio posible aunque inalcanzable en el que hay lugar para la justicia, en el que la palabra “pero” puede ser dicha y tener sentido.
Lucía dice en la Introducción: “termino la mayor parte de los capítulos con un ‘pero’ implícito que hace alusión a las limitaciones de esos recorridos, sin por eso anunciarlos, apuntando una posible nueva salida en el capítulo siguiente que se puede sumar a esa encrucijada”.
Después del paseo por los seis capítulos tenemos una sección titulada “¿Pero entonces?” (así como una pregunta) y una “Crítica manifiesto” (así como un manifiesto, como un decir lo que hay deseo de ser dicho). Y después, por supuesto, el gesto más noble de nuestra pobre humanidad: los agradecimientos. Y acá pongo el mío: gracias, Lucía, por este libro. Lo necesitábamos tanto que casi no nos dábamos cuenta.
El libro es un aporte muy pertinente para el campo de los estudios literarios en general, porque más allá de estar pensando en relación con un corpus teórico, crítico y literario brasileño, produce reflexiones relevantes para todes les que hacemos de la literatura nuestro objeto de estudio.
Comienza con la llamada “crisis de la teoría” y sigue por las encrucijadas en las que se encuentra la disciplina literaria con la hiperespecialización subdisciplinar y lo transdisciplinario, repasa nuestra historia (la de la crítica literaria argentina en la transición democrática, la historia de nuestras maestras, de nuestros maestros) y pone sobre la mesa las tensiones profesionales que habitamos quienes hacemos de la docencia y la investigación en la universidad y en el sistema científico nuestro modo de vida en la Argentina actual. El libro se hace cargo de nuestras faltas (la formación metodológica y epistemológica en la Carrera de Letras, por caso) y de nuestras capacidades (la potencia del deseo hecha militancia, por caso). Lo anfibio que parte de la dualidad, permite comprometerse no en términos de fidelidad, traición o infidelidad, sino de múltiples lealtades, de diversidad y de cuidado.
Las reflexiones sobre las políticas de la crítica, las políticas de la escritura en investigación, la subjetividad, la objetividad y la neutralidad son indispensables para todes les que nos dedicamos a esto. Porque de todes debería ser el compromiso de empujar las fronteras del objeto literario; todes, no solo las y los críticos o investigadores, sino también, como señala el libro, las personas que hacen gestión editorial, traducción, difusión o curaduría del arte verbal. Esa es la fiesta a la que nos invita Lucía.
Termino con una cita más del libro: “No se trata entonces de la jerarquización de saberes, sino del diálogo de epistemologías en pos de la apertura hacia nuevas formulaciones de teorías y de prácticas que cuestionen las establecidas y nos lleven a lo indeterminado de la creación”.
Creo que la pregunta que nos regala la experiencia de lectura de Crítica anfibia es: ¿adónde queremos que nos lleven nuestras prácticas profesionales?
Pero, ¿y las respuestas? Después de leer este maravilloso libro, escriban sus propios “a favor” y “en contra”, charlen con sus estudiantes y compañeres, agradezcan a sus amigues y amores y piénselo todo otra vez y algo nuevo y bueno, seguro, va a salir.
Carolina Ramallo
Docente universitaria investigadora en Letras


